Caramelos Solidarios 300.500 caramelos ya entregados.
300.5..... sonrisas ya conseguidas.


OPTICO ESPECIALISTA EN PERCEPCIÓN


      …Quien no recuerda uno de esos exquisitos caramelos que vendían en el negocio que siempre quedaba a la vuelta de la esquina de nuestro hogar….un caramelo con un aroma tan particular y único que hasta el día de hoy es recordado por cada uno de nosotros y nos evoca aquellos felices e inocentes momentos de nuestra infancia. El ir a comprarlos era toda una aventura, pero el llegar y ver la cara del señor que nos vendía ya significaba estar a un paso de la felicidad.…debíamos eso sí empinarnos para alcanzar a darle las monedas.. Entonces, y sólo entonces, cuando nos entregaba los caramelos…era cuando se producía el momento de máxima felicidad. Tener ya en nuestras manos esos enormes, cuadrados y negros caramelos….era simplemente una alegría inexplicable... La expectación que se producía en nuestro corazón tan sólo con el hecho de abrir éste grueso, áspero y duro papel que los envolvía....se convertía en una sensación de plena satisfacción y felicidad. …Ahí era cuando comenzábamos a gozar del complicado placer de sentirlos en la boca…mmmmm...ese exquisito amargo y sutilmente agrio sabor para nosotros era una felicidad absoluta… Sólo entonces emprendíamos felices nuestro regreso…, el aroma a amoniaco flotante que dejaban era fascinante…” …Bueno, como se podrán dar cuenta, aquí hay muchas cosas que no cuadran con aquellos bellos momentos que cada uno de nosotros vivió cuando éramos niños, y está claro, es porque tuvimos la fortuna de poder disfrutar del placer que provoca un caramelo, y si por cosas de la vida nunca hubiésemos podido disfrutar de uno, tan sólo el leer estas líneas y compararlas con nuestra experiencia y memoria, nos producen rechazo y distancia…
      Desde los primeros momentos de nuestras vidas, en cada instante, nuestros sentidos son bombardeados permanentemente por un estímulo tras otro, brindándonos información y enfrentándonos a una permanente toma de decisiones, primero de cómo percibir estos estímulos y luego de cómo reaccionar ante ellos. Cada parte de nuestro cuerpo posee receptores especializados en estímulos específicos. Para que estos receptores logren captar los estímulos, la energía con que ellos se manifiesten debe ser de un valor considerable, pues sólo así el receptor podrá responder enviando una señal electroquímica al cerebro, de lo contrario la información no alcanzará a llegar al cerebro. Es el cerebro es quien interpreta y organiza la información recibida. Debemos señalar que nacemos en un estado de desorden sensorial y a medida que enlazamos experiencias vamos diferenciando los sentidos en forma natural. En un principio el bebé es netamente sensorial, pero con el paso del tiempo y con el cúmulo de experiencias visuales, auditivas, táctiles, gustativas y olfativas vividas, lo que era puramente sensación se convierte en percepción, lo cual conlleva procesos psíquicos más elaborados. Para entender los procesos que nos llevan a reaccionar de cierta forma antes algunas situaciones, debemos conocer ciertos términos básicos que nos entregarán información sobre nuestro entorno y nos capacitarán para responder a él..
Estímulo: Cualquier forma de energía a la que podamos responder: Luz, Sonido, Presión, Sabor, Aroma.  

Sentido: Función sicofisiológica por la que un organismo recibe información referente a ciertos elementos del medio exterior (tanto de naturaleza física: vista, audición, tacto; como química: gusto, olfato). Los cinco sentidos clásicos. La Sensación es la  información recibida por el sistema nervioso central, cuando uno de los órganos de los sentidos reacciona ante un estímulo externo.                 
Vista: Sentido corporal localizado en los ojos, mediante el cual es posible ver, percibir la luz, los colores, las formas, los objetos.
Audición: Sentido corporal por el cual se perciben los sonidos, se realiza por medio del oído.
Tacto: Sentido corporal distribuido por todo el cuerpo, a través de el se percibe la presión de los objetos y características de estos (temperatura, aspereza o suavidad, dureza, etc..)
Gusto: Es uno de los sentidos “químicos” del cuerpo, permite distinguir los sabores de las sustancias. En el hombre, el gusto se encuentra principalmente en las papilas gustativas. Nacemos dotados de aproximadamente 10.000 papilas gustativas (ubicadas en la parte superior, los lados y la punta de la lengua, en el paladar y en la garganta), las que pueden distinguir cinco sabores: salado, dulce, amargo, ácido y umami
Olfato: Es el otro sentido “químico”, permite la percepción de los olores. Para estimular las células olfatorias es necesario que las sustancias sean volátiles. El sentido del olfato se activa cuando los olores alcanzan los receptores olfativos de la cavidad nasal. La nariz distingue entre más de 20.000 aromas diferentes.

 

Percepción: Manera con que nuestro cerebro organiza los sentidos para recibir, elaborar e interpretar la información proveniente de su entorno, es decir, el reconocimiento de los objetos que proviene de combinar las sensaciones con la memoria tanto empírica como genética de experiencias sensoriales anteriores. Es el punto de encuentro entre lo físico y lo mental. Se diferencia de la sensación en cuanto que ella no es más que la estimulación física de los sentidos, en cambio, la percepción capta por globalidades, con cierto nivel de estructuración, orden y sentido esos estímulos.

La percepción visual: Mediante la vista el hombre percibe la imagen integra del objeto, formas, colores. Si bien existe una psicología del color y algunos colores tienen efectos emocionales universales, en la mayoría de los casos, sus significados son dependientes de la cultura y/o de la percepción subjetiva del individuo. Sin embargo se debe hacer notar la diferencia entre las emociones y los significados; Mientras que las emociones son inconscientes, los significados tienen un contexto cultural y convencional más fuerte. Ver: Percibir la luz mediante el sentido de la vista.
Formas: Por lo general los caramelos y chocolates poseen formas circulares o redondeadas, ello debido a considerarse el círculo un símbolo de totalidad, calidez y protección. Podemos coincidir también en que el centro del círculo posee un especial valor simbólico, coincidentemente con los rellenos de los caramelos y bombones cuyo contenido especial se sitúa justamente en el centro de estos. Es muy poco común encontrarse con caramelos o chocolates cuadrados, salvo que estén destinados a adultos, pues la forma cuadrada representa estabilidad, honestidad y equilibrio. Más extraño es encontrar un caramelo con forma estrictamente triangular, pues a ésta forma se le asocia el significado de conflicto o amenaza. Por esto es que las formas de los  caramelos para niños poseen por lo general una forma circular. En cuanto a los colores, los caramelos generalmente se fabrican de determinados colores (naranjos, amarillos, rojos, etc..) Resulta muy difícil encontrar un caramelo negro o gris, escogerlo y saborearlo con placer sin que nuestra experiencia interfiera o entre en contradicción con nuestra memoria hacia el color. Sería muy extraño entregar a un niño un caramelo negro y de forma cuadrada, sin duda ello no resultaría atractivo, independiente de las otras características que el caramelo pudiese tener. El color azul por otro lado es muy difícil de encontrar en caramelos, pues éste color actúa como supresor del apetito. Para la fabricación de los caramelos (así como de sus envoltorios) se utilizan colores alegres y vivos, por ejemplo el amarillo, color que sugiere el efecto de calor, provoca alegría, felicidad y estimula la actividad mental. El naranjo, color cítrico que se asocia a la alimentación sana y al estímulo del apetito, es un color que representa la alegría, el regocijo y el placer. El rosa, que es un color que sugiere bondad, ternura y buenos sentimientos, o el verde, que refleja frescura y armonía. Para los niños, incluso para los adultos, resulta muy común que al recibir una bolsa con caramelos de diferentes colores, se tienda a sacar caramelos de un color específico, que incluso se busquen los de aquel color puntual, lo cual generalmente se relacionará con el estado de ánimo del momento. Es habitual escuchar decir “..voy a sacar los caramelos de color naranja”, o “…ahora quiero uno de color rosa”, colores que seguramente reflejarán las emociones inconscientes del niño (o adulto) que esté escogiendo los caramelos. Los niños deben aprender a relacionarse con los colores y las sensaciones que estos les producen.

La percepción auditiva. Implica la capacidad para reconocer, discriminar e interpretar estímulos auditivos asociándolos a experiencias previas. Oír: Percibir los sonidos, escuchar.
Sonidos: Cuando un niño descubre el particular sonido que se produce al abrir el envoltorio de un regalo o de un caramelo, registra en su memoria aquel recuerdo, así como también las sensaciones placenteras de aquel momento. Este particular sonido es archivado en su memoria, y posteriormente, cuando lo vuelva a escuchar, despertará la curiosidad respecto del origen de éste, desatando así una cadena de sensaciones mentales y físicas, las que se complementarán con las ya pasadas favoreciendo la organización actual. Cuando un niño ha experimentado situaciones positivas como el abrir el envoltorio de un regalo o un caramelo, tiene conciencia de que éstas le reconfortan y posiblemente manifestará una relación de alegría con respecto a ello. Existen sonidos llamativos que despiertan la curiosidad y el deseo de investigar.

La percepción táctil: Es aquella en que la información se adquiere exclusivamente por medio de la piel o sentido cutáneo. La piel al abarcar la totalidad del cuerpo humano es considerada la mayor superficie receptora. Estos receptores cutáneos dan origen a las sensaciones cutáneas de presión, temperatura y dolor. Tocar: Percibir el contacto de una parte del cuerpo, especialmente la mano, con otra cosa.
Texturas: Es importante señalar que la percepción táctil al igual que la auditiva se manifiesta incluso en el período de gestación. Por lo general los envoltorios de los caramelos son de papel liso y suave, sin rugosidades, lo cual resulta agradable para el niño, brindándole una sensación de placer, confianza y seguridad.

La percepción gustativa: La sensibilidad al gusto se da hasta en los primeros días de vida y los bebes son más sensibles al gusto dulce, ya que este los tranquiliza en sus momentos de llanto. Gustar: Percibir el sabor de las cosas, probar, catar.
Sabores: En 1975 se descubrió una serie de sustancias responsables de las sensaciones satisfactorias, a las que debido su parecido con la morfina, se nombró endorfinas, pero que comúnmente se conocen como “hormonas del bienestar o de la felicidad”. Estas son sustancias que produce el cerebro y que actúan en los mismos puntos que la morfina.
      Los caramelos, chocolates y dulces constituyen un verdadero festín de endorfinas. Tanto por su sabor como por los beneficios que traen a nuestro cuerpo, su consumo y uso moderado resulta beneficioso.
      Una buena dosis de azúcar, aunque pueda parecer exagerado y algunos no crean, es una necesidad química de nuestro organismo, muy similar a la de tomar agua cuando tenemos sed. Un pequeño bocado de cualquier dulce tentación es capaz de provocar un bienestar insospechado tanto en niños como en adultos, haciendo que nuestro cerebro libere esas fascinantes sustancias llamadas endorfinas que permiten sentirnos mejor.
      Qué tienen en común recordar un momento feliz, ver un prado con flores, hacer ejercicio o comer un caramelo..? Estos y otros actos hacen que nuestro organismo genere las endorfinas o químicos naturales que estimulan los centros de placer en el cerebro.
      Se ha comprobado que las personas genéticamente determinadas para producir bajas cantidades de hormonas del bienestar están más propensas a desarrollar alcoholismo u otras adicciones, es decir, presentan una mayor inestabilidad en sus emociones y enfrentan con más dificultad sus problemas que aquellos que alcanzan altas concentraciones. También se ha demostrado que el estrés y la presión constante  provocan una disminución en los niveles de endorfinas, lo cual genera una mayor inestabilidad emocional y debilidad ante el posible desarrollo de adicciones. En estos casos nos encontraríamos ante la necesidad de equilibrar sus niveles de endorfinas.
      Hoy en día sabemos que existen tres familias de endorfinas, también llamadas péptidos opioides, cuya producción es regulada por la glandula hipófisis. Múltiples situaciones estimulan la producción de estos péptidos opioides, entre ellas podemos mencionar:
1)  La leche materna: Ésta no sólo contiene los nutrientes que un bebe necesita durante
sus primeros seis meses de vida (proteínas, vitaminas, hierro, calcio, fósforo y lípidos), sino que también contiene endorfinas para que el pequeño se sienta feliz y pueda eliminar el dolor.

  1. Amor: Caricias, besos y abrazos estimulan la descarga de las hormonas de la felicidad.
  2. Las rosas: Tener rosas cerca de la cama aumenta la sensación de bienestar debido a que ellas contienen feniletilamina, sustancia aromática que estimula la liberación de opioides.
  3. Café: Hora y media después de haber consumido dos tazas de café, el nivel de las hormonas de la felicidad se mantiene sensiblemente alto.
  4. Ejercicio: Al realizar ejercicios de resistencia se presenta una secreción muy alta de morfinas endógenas.
  5. La risa: Una carcajada provoca la secreción de diversas sustancias a nivel cerebral: adrenalina (vinculada a la creatividad e imaginación), dopamina (que estimula la agilidad mental) y serotonina (químico de efectos calmantes que disminuye el hambre y la ansiedad), sin embargo la producción más intensa que se presenta es la de endorfinas.

      Cualquiera de estas actitudes o situaciones, así como también el consumo de caramelos, son actitudes normales, necesarias y satisfactorias que estimulan la producción de péptidos opioides. Debemos tener claro además que para cualquier actividad diaria debe existir una nutrición equilibrada, en caso contrario se producirán desequilibrios químicos que se podrían traducir en cambios anímicos desfavorables. Sin embargo la prohibición de cualquiera de estas actitudes o situaciones así como la prohibición de los caramelos, resulta algo inapropiado pues impedirá el aprendizaje en los niños y eliminará el justo equilibrio. Todo es necesario, ..pero en su justa medida.
      Comemos con los cinco sentidos, en especial con el olfato y el gusto, los que mantienen una estrecha relación con el cerebro, y así también con la memoria y las emociones. No debemos negar determinadas memorias ni emociones a los niños.
      Comer es un acto placentero, y como tal influye en nuestro sistema nervioso y endocrino. El acto de comer o simplemente el pensar en una determinada comida, alimento, o en un caramelo, pone en marcha estímulos que llegan a nuestro sistema nervioso y que provocan la liberación de neurotransmisores (mensajeros químicos del organismo) relacionados con experiencias agradables. Algunos de esos neurotransmisores son la noradrenalina, dopamina y serotonina.
      Con el Chocolate se activa lo que denominamos la “triada de la felicidad”
Noradrenalina: Es el neurotransmisor que aumenta el nivel de alerta y atención. Si los niveles de ésta sustancia son adecuados, la persona se siente con energía, pero si no se tiene suficiente noradrenalina la persona siente agotamiento y puede caer en una depresión.
Dopamina: Se relaciona con las emociones y los sentimientos de placer. Promueve la memoria y la creatividad e interviene en el estado anímico, por lo tanto la persona se sentirá de mejor humor si los niveles de dopamina son óptimos. 
Serotonina: Es el neurotransmisor estrella. Nos otorga una sensación placentera y de ligera tranquilidad, junto con el mediador beta-endorfina produce sensación de felicidad. Con frecuencia se la denomina “hormona del humor”. Es por ello que recurrimos al chocolate y a los caramelos cuando nos encontramos en un estado de mal ánimo, cuando estamos agobiados o estresados, y necesitamos de esa dosis de paz y placer que ellos nos aportan.

 

 La percepción olfativa: Generalmente comprende la identificación de la fuente que desprende la sustancia volátil junto a una sensación de placer o disgusto. El olfato es uno de los sentidos más sensibles, pues bastan sólo pequeñas moléculas para percibir el olor de una sustancia determinada. De los sentidos es el más fuerte al nacer, así reconoce el bebé a su madre. Uno de los primeros reflejos de los recién nacidos consiste en girar la cabeza hacia alguna prenda que exuda el olor de la leche materna. Dentro de los olores, la vainilla es uno de los más tranquilizantes que existe para el ser humano, pues ésta esencia tiene relación directa con el sabor de la leche materna, produciendo en las personas una sensación de seguridad y refugio. La canela por su parte produce un aceleramiento en los latidos del corazón. Oler: Percibir olores.
Aromas: Todos los olores que nos llegan influyen directamente en nuestra psiquis, y por ende, en nuestras acciones, ya sea de un modo positivo o negativo, se trata de una percepción completamente subjetiva que acompaña cada vez que inhalamos. La práctica de la aromaterapiaya era común entre los antiguos egipcios. Existen aromas como la pimienta negra que resultan estimulantes del apetito, la canela que levanta el ánimo, el aroma a naranja que produce sensación de alegría y bienestar, a frutilla que favorece la comunicación y amistad, entre otros, muchos de los cuales son utilizados como aromatizantes en la fabricación de caramelos para producir reacciones de bienestar. Un aroma inocuo o un mal aroma causarían inmediatamente rechazo, sin importar las otras atractivas características que estos pudieran tener.
La percepción intermodal: En muy pocos casos percibimos un estímulo con un sólo tipo de percepción. La Percepción Intermodal es aquella que integra a todas las percepciones anteriormente mencionadas, las cuales pueden actuar en forma sucesiva o en conjunto frente a un determinado acontecimiento, ello con el objetivo de llegar a un razonamiento correcto del estímulo entrante. Se considera que las modalidades sensoriales están separadas al nacer y que el bebé las integra a través de la experiencia.      Por ejemplo el gusto y el olfato trabajan muy unidos. Las papilas de la lengua solo pueden identificar dulce, salado, ácido, amargo y umami. En cambio los receptores en los pasajes nasales pueden reconocer miles de olores diferentes. Si la nariz está tapada, sabemos que es muy difícil identificar entre distintos sabores. Para percibir el sabor de un caramelo de naranja, el cerebro percibe un gusto dulce a través de las papilas gustativas y a su vez un rico olor a naranja a través de la nariz. Ambas sensaciones son transmitidas al cerebro, quien combina la información para reconocer y apreciar los sabores. Lo que comúnmente denominamos “gusto”, es en realidad el “sabor”, que resulta de la interacción de los sentidos del gusto y del olfato, y el 80% de lo que percibimos como gusto, es en realidad aroma.
        
     
      Todas las vivencias infantiles (y adultas) tienen su comienzo en las sensaciones, producidas y generadas por los estímulos que entran en contacto con nuestros sentidos. El conocimiento será más rico en la medida que intervengan más vías de acceso de la experiencia. La integración de las diversas sensaciones (de la imagen visual, del sonido, los olores, los sabores, así como de las texturas) juntas y combinadas nos brindan conocimientos, de los cuales abstraemos los conceptos.
      Un caramelo podrá despertar muchas y distintas sensaciones en un niño. Con sólo observarlo podrá reconocerlo, descubrir las características de forma, color y el sentimiento que éste le produce (protección, ternura, alegría). Al tocar el envoltorio podrá sentir la suavidad y confianza que la superficie de éste le otorga. Mientras lo abre recordará el particular y agradable sonido, lo cual traerá a su mente momentos de alegría y felicidad. Al percibir el aroma del caramelo reaccionará a las sensaciones que dicho olor le despierta. Finalmente, llegará a degustarlo y saborearlo. Aquella presentación permanente de los estímulos gustativos sobre la lengua que se produce, originará tanto el desencadenamiento de una sensación como el de la liberación de endorfinas que traerán al niño un estado de bienestar y felicidad.
      No es sólo el aspecto cultural el que nos entregará diferencias entre la percepción de los niños con respecto a los caramelos, sino también la propia sensibilidad de los niños: Puede ser que un niño cuyos padres permanentemente le han prohibido los caramelos tenga una urgente necesidad de descubrir éstas sensaciones; y en forma diferente, el niño para quien es algo común y cuyo consumo es moderado y equilibrado, su sensibilidad le permitirá disfrutar de estos momentos y almacenarlos en su memoria como experiencia a la cual posteriormente podrá recurrir.
      De éste modo, a través del conocimiento de los atributos esenciales de los caramelos los niños se pueden formar el concepto caramelo, el cual se ampliará en relación con su experiencia y enriquecerá cuando los niños entren en contacto con chocolates, paletas, tortas, cereales, dulces, etc. de una u otra especie y clase. Conocerán caramelos naranjos, amarillos,  rosas, duros, blandos, gelatinosos, rellenos, podrán ser grandes, pequeños, ovalados, etc., con tantas características como se puedan imaginar, e incluso podrán llegar a  llamarlos “dulces”, “golosinas”, “sweet”, “candy”, “bon bon”, “dolce”, “caramelle”, etc.,  pero siempre reconociéndose el concepto y el contexto psicoafectivo que éste suscita. Para un niño los estímulos y sensaciones, de forma, color, sonido, textura, sabor y aroma de un caramelo, son experiencias nuevas a las que tiene que dar un significado propio, para ello es necesario que las experimente y que exista un aprendizaje significativo para el pequeño. Toda experiencia sensorial ganada fortalecerá aprendizajes posteriores. La educación juega un rol fundamental en el aprendizaje, sin una enseñanza adecuada se cometen demasiados e innecesarios errores. La educación estriba en ofrecer al niño estímulos e información nueva para enseñarle a descubrir, guiarlo hacia lo apropiado y orientarlo hacia un equilibrio.

 

Poly Farías Sepúlveda

Óptico especialista en Percepción
Gestora Cultural - Investigadora Literatura Infantil
grupomontalban@hotmail.com